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¿Terminal o Liminal?

En la película La Terminal, Tom Hanks hace el papel de Viktor Navorski, un viajero proveniente de un país imaginario llamado Krakozhia, quien llega a Estados Unidos en el momento justo en que ocurre una guerra en su país. En ese momento, su pasaporte se vuelve inválido y Viktor se ve obligado a vivir en el aeropuerto por nueve meses (aunque el verdadero personaje que inspiró la historia vivió en un aeropuerto 18 años), sin poder entrar a Estados Unidos, ni tampoco regresar a su país.

Un aeropuerto por definición es lo que se conoce como un espacio liminal, que en palabras más o menos sencillas, es un espacio transitorio entre dos espacios diferentes. La palabra “liminal” viene de una raíz que significa umbral. El concepto parece estar bastante de moda últimamente, pues se puede aplicar a temas tan distintos como la arquitectura, el turismo, la psicología, el teatro y otros.

Todos hemos pasado alguna vez por un espacio o tiempo liminal y no me refiero solo a un aeropuerto o una terminal de buses, sino más bien a que a lo largo de nuestras vidas pasamos por distintos de estos momentos transitorios. Nacer es ya un momento liminal, lo mismo que pasar por la adolescencia, mudarnos de casa o hacer un duelo.

El duelo es de todos

Para este momento de la lectura, ya te habrás imaginado que los tiempos de pandemia son un periodo liminal por excelencia. Hemos salido de una forma de vida donde ya muchas cosas han cambiado, donde muchas cosas se han perdido. Tal vez necesitamos darnos cuenta de que la pérdida nos afecta a todos y de que estamos pasando por un duelo colectivo. Viktor se quedó atascado solo en el aeropuerto mientras alrededor de él todos seguían con sus vidas, pero en este caso, nuestras siete mil millones de vidas tuvieron que detenerse al mismo tiempo.

En el proceso, veo que algunas personas tratan de mantener el status quo o hablan como si todo fuera a ser igual algún día y se rehúsan a reconocer los cambios que están sucediendo, es decir, están en negación. Otros se encuentran enojados con la situación, protestan contra la manera como las autoridades puedan estar manejando la cuarentena, o discuten con la pareja
con la cual les ha tocado vivir este periodo (en Wuhan, China, se duplicó la tasa de divorcio después de la primera cuarentena). Como cualquier duelo, tal vez es necesario darnos cuenta de que estamos pasando por las diferentes etapas del mismo.

Raras veces, puede afirmarse que una situación como la actual pueda haberse experimentado antes, pues aunque haya habido pandemias en otras épocas, nunca había existido una capacidad de contagio como la actual, ni tampoco existía la posibilidad de conocer lo que está
pasando en otras partes del mundo como ahora. La misma interconectividad aumenta el sentimiento de pérdida pues no solo lidiamos con la nuestra, sino de alguna manera, con la pérdida de los demás.

El presente es mío

Hace unos años tuve que pasar casi 14 horas en un aeropuerto y después de vagar varias horas por las tiendas, comer algo, leer el libro que había llevado para el camino y todo lo demás que se me ocurrió, les aseguro que después de menos de la mitad de las 14 horas ya no me quedaba mucho que hacer. Finalmente, sintiéndome como Viktor Navorski me senté por ahí y empecé a observar. En circunstancias como esas, se vuelve uno un espectador del
presente. Imagina la realidad de los demás y al final, reflexiona sobre su propia realidad.

La pregunta que se me ocurre es entonces, ¿qué puedo hacer yo ante algo tan fuera de mi control como este tiempo liminal? Tal vez no sea mucho lo que cada cual pueda hacer a nivel global, pero pensar a ese nivel, creo que solo nos puede llevar a la desesperanza. Al final, podemos dejar de pensar en la realidad de los demás pues lo único que tenemos a la mano es la nuestra. Si pensamos que es un tiempo de oportunidad para llegar al otro lado de manera diferente, si tratamos de encontrar aquello que nos haga mejores al final de este corredor y como Viktor Navorski, tal vez hayamos hecho nuevos amigos, aprendido algo nuevo o simplemente, entendido mejor quienes somos, despojados de lo que había en la habitación que hemos dejado atrás y que obviamente era algo que no era nuestro porque si lo fuera, pasaría con nosotros al otro lado, entonces, tal vez este tiempo liminal termine siendo una de las mejores cosas que le haya ocurrido al planeta en mucho tiempo.

Y ahora que lo pienso, La Terminal no debería llamarse así. Nada termina allí.

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