Jesús muere con propósito

Jesús muere con un propósito

Es tiempo de Semana Santa o tiempo de la pascua, queremos ver desde el evangelio de Marcos unos aspectos importantes de una porción del relato Bíblico.

El apóstol Marcos narra el momento de la muerte de Jesús mostrándonos dos propósitos cumplidos en ese mismo momento. En su evangelio, en el capítulo 15 verso 37 Marcos dice que Jesús gritó y públicamente entregó su espíritu, es decir su vida; decidió no salvar la suya, para salvar la nuestra. Esa entrega traía, entre otros, dos propósitos que se evidencian en los versos que siguen.

El primer propósito era abrir un camino nuevo a la presencia de Dios a través de su sangre derramada y su cuerpo sacrificado; Marcos relata que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, velo que representaba el último obstáculo para acceder directamente a la presencia de Dios en el lugar santísimo. Desde el Antiguo Testamento, cuando se dan las instrucciones para el Tabernáculo (Exodo 26:31-32) se aclaraba que ese velo no era ni transparente ni delgado como los velos que hoy conocemos; era la unión entrelazada de telas carmesí púrpura y lino azul, que medían cerca de 20 metros de alto, 10 de ancho y 10 centímetros de ancho. Este velo fue abierto desde el cielo a través de Cristo, para abrir esas puertas del cielo gracias a su muerte en la cruz, la intervención desde el cielo hizo esto posible.

El segundo propósito era mostrar ese nuevo camino hacia Dios, el Padre. Ya en el verso 39 Marcos narra las incomparables palabras del centurión, que muy seguramente formó parte de quienes pusieron la corona de espinas en la cabeza de Jesús, para luego golpearle la cabeza con una caña (Marcos 15: 16,19). Unas espinas que no se comparan a las de las rosas, porque podían ser de 8 centímetros; cuánta sangre se habrá derramado sólo en ese momento. El centurión dice “Este hombre era verdaderamente el Hijo de Dios”. Sus palabras, dichas también en voz alta, nos muestran el camino del reconocimiento público de quién era y es Jesús; más que un profeta o un judío religioso cumplidor de la ley. En medio de la oscuridad del momento, a este soldado romano se le cae el velo que le impedía reconocer al salvador del mundo y por eso lo proclama con la autoridad que tiene sobre un centenar de hombres y en representación de cada hombre y mujer que no somos judíos, pero que ahora tenemos el nuevo camino abierto a la gloria de Dios Padre por la eternidad.

Vivamos este tiempo de Pascua y toda nuestra vida mirando a Jesús quien abrió y mostró un nuevo camino al Padre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *